Alemania y el futuro nuclear

Hoy vamos a abordar un tema de radical importancia para el mundo de la energía y que enlaza con nuestro anterior post acerca del mix energético. El futuro de la energía está ligado a los métodos de producción que se utilicen para generarla, y en este sentido, ligada a la energía nuclear. El futuro de la energía nuclear juega un importante papel en el futuro de la energía a nivel global y puede alcanzar una gran relevancia en el desarrollo de las energías renovables.

Antes de comenzar a tratar esta delicado e interesante asunto, he de advertir al lector que esta entrada es inevitablemente una simplificación de un tema infinitamente amplio y complejo, inabordable en este humilde artículo.

 

El debate acerca de la energía nuclear, los riesgos y beneficios que entraña es tan antiguo como ella misma, y se ha visto reavivado por el reciente desastre de Fukushima. Analizar la importancia del desastre japonés es un tema aparte, pero es indiscutible la repercusión que ha tenido en cada rincón del planeta. Hasta tal punto que ha sido el detonante de cambios drásticos en la política energética de países como Alemania e Italia.

La política energética alemana ha sufrido un cambio de paradigma. En un puñado de semanas se ha pasado de alargar la moratoria nuclear, a la reciente decisión de clausurar sus diecisiete centros atómicos. Este cambio supondrá importantes novedades que han situado a Alemania en el punto de miras. Si Alemania consigue sustituir toda su energía nuclear por generación renovable dando un paso de gigante hacia un futuro sostenible, servirá de guía para el resto de países industrializados; mientras que si fracasa, será un elixir para las posiciones pro-nucleares.

La clave estará en decidir cuáles son las condiciones de victoria o fracaso, a partir de los cuáles consideraremos que el ejemplo alemán es digno de ser seguido o es una ruta de la que conviene apartarse. Comencemos por establecer los criterios que definirán la derrota de la apuesta alemana.

Los criterios que determinarán el fracaso de esta apuesta serán básicamente dos: perjuicios económicos y perjuicios medioambientales. Los principales detractores de la medida advierten de que supondrá un encarecimiento de la tarifa eléctrica que repercutirá en los hogares y la industria de forma notable. Este argumento es irrefutable debido a que el precio por unidad producida de las energías renovables es mayor que el de la energía nuclear. No obstante, hay que considerar que varias de las centrales tendrían que abordar cuantiosas inversiones en métodos de prevención y seguridad más modernos. Este hecho encarecería el precio de la producción, aunque posiblemente en proporción menor que el aumento de las renovables.

De esta forma los perjuicios económicos derivados del encarecimiento de la producción desaconsejan la abolición de la nuclear. En paralelo a este argumento, e íntimamente relacionado con él, arguyen que la solución para que el mix energético alemán no llegase a suponer una carga a su economía sería importar energía. Si la energía nuclear propia la sustituimos con energía nuclear foránea (francesa), no hemos solucionado nada y hemos creado un problema de dependencia. Mientras que si abaratamos costes con producción a base de fósiles (gas), estamos haciendo un flaco favor a ese medioambiente que queremos salvar de los peligros nucleares. Llegamos así a la confluencia de los dos argumentos de la derrota, sustentado por importantes autoridades en el sector, grandes empresas y ecologistas, que ven un enorme peligro en el incremento de los combustibles fósiles.

En el lado opuesto, los argumentos de la victoria son fundamentalmente dos: beneficios económicos y beneficios subjetivos/morales. La sustitución de la energía nuclear por producción renovable supondrá la mayor apuesta por este tipo de energías hasta el momento y exigirá un enorme esfuerzo al sector para asumir tal responsabilidad. Para alcanzar el objetivo previsto, será necesario la realización de grandes proyectos renovables (mayoritariamente eólicos), un importante aumento en la producción de equipos renovables y la investigación de nuevos caminos que nos lleven a la maximización del rendimiento y, con ello, a la eficiencia. Todas exigencias que necesitan una fuerte inversión para ser realizadas, económica, humana y material. Todo esto inyectará sangre fresca en la economía alemana reportando unos beneficios económicos mucho mayores que las eventuales subidas de la factura energética.

Los argumentos subjetivos acerca del uso nuclear tales como: seguridad, impacto medioambiental, desarrollo de armamento nuclear; forman parte del debate “tradicional” y acompaña a la energía atómica desde su nacimiento, por lo que no profundizaremos más.

Aun así es importante remarcar que la decisión alemana ha sido reflejo de la voluntad mayoritaria del pueblo alemán, de manera que la ciudadanía ha determinado de dónde quiere ser abastecida energéticamente [véase: El mix energético, comentario de Jorge Blázquez]. En este sentido, resulta inevitable mencionar el reciente referéndum italiano donde más de un 94 % de los votos mostraron el rechazo ciudadano a la energía atómica. Eludiendo el debate acerca de un posible sesgo político (voto de castigo al ejecutivo) o el de la idoneidad del pueblo para decidir su mix energético, ha sido un ejemplo de democracia real.

La apuesta por las renovables de un país como Alemania, puede ser un punto de inflexión en el futuro energético europeo y descubre un brillante futuro a la industria renovable. No obstante, la decisión de abolir la nuclear me parece muy poco acertada. Comparto la visión de la nuclear como el mejor puente hacia las “cero emisiones” y un futuro verde. El problema real que afrontamos no es la seguridad de las centrales nucleares ni los horribles accidentes como el de Fukushima o Chernobyl. Éstos han sido casos puntuales y muy localizados con una incidencia muy localizada (menos en el caso japonés por los vertidos al mar); pero la contaminación de los combustibles fósiles y las consecuencias que ésta provoca, nos afectan a todos en todos los sitios de manera mucho más silenciosa y por tanto menos visible y alarmante. La verdadera revolución renovable vendrá cuando se anule la producción por carbón (lo acuso por ser el mayor contaminante en términos de CO2/Kwh) por renovables, entonces sí estaremos caminando hacia un futuro sostenible.

Por último, aplaudo el liderazgo europeo en la adopción de energías renovables. Debemos seguir el camino iniciado y tratar de ejercer presión en los países emergentes para que nos sigan en el progreso hacia una economía sostenible. La relevancia relativa de la contaminación europea, sin desdeñarla, será mínima respecto a las de países como China e India [ver: Mix Energético] donde está el verdadero campo de batalla por un mañana sostenible.

PD: dejo el enlace de una curiosa herramienta que prevé las consecuencias del cierre de centrales nucleares estadounidenses, permitiéndonos jugar a ser políticos. Es muy interesante, pero un poco demagógica.

Alejandro Núñez Jiménez

Estadísticas: 1) Key World Energy Statistics, IEA 2010, 2) BP Statistical Review
of World Energy June 2011

ACTUALIZACIÓN: El 60% de los españoles, en contra de construir más nucleares

ACTUALIZACIÓN (2): Por qué renuncia Alemania a la energía nuclear, Ulrich Beck

Germany’s nuclear phase-out will cause UK emissions to fall, The Guardian

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